martes, 07 de abril de 2009

ERASE UNA VEZ....

Las lobas con piel de cordero por fin se han quitado las máscaras. Se ha abierto la caja de pandora y se ha visto la auténtica cara que tienen. Aconsejo a las creadoras que cambien el nombre. Queda bastante ridículo después del bochornoso espectáculo que han dado.

 Todo esto, sin embargo sólo es el fruto de una comidilla que las víboras venían preparando desde hace bastante tiempo. ¿El objetivo de todo ello? La caza de aquellas que hacían sombra a las lobas ¿Por qué? La causa es la misma que la de todos los males que nos acechan en la vida. Sí, la envidia. Así de simple y de sencillo. Envidia de la trayectoria que unas personas han tenido a lo largo de este tiempo. Envidia de su diplomacia, buen gusto y saber estar.

 Las víboras se tienen por claras y sinceras, pero son tan torpes que la misma envidia les ha cegado confundiendo sinceridad con tolerancia. Las víboras se caracterizan por campar a sus anchas, provocar enfrentamientos, y después salvarse de los mismos haciendo llamamientos a su rebaño, las viborillas, para que vayan a rescatarlas y le salven de la quema. La que mayor número de medallas acumule es la que gana la batalla. Después vuelven a su cuartel, para recrearse y vanagloriarse de los buenos momentos vividos en los enfrentamientos. Esa es su carnaza.


 Pero como animales rastreros que son, esto no es suficiente, quieren más, el cara a cara, quieren despedazar y notar el borbotar de la sangre en directo, vivir esa experiencia. Entonces la víbora macarra se disfraza, normalmente en las horas de mayor audiencia para crear mayor expectación y alboroto, y comienza el espectáculo, dando falsas noticias alarmantes, o pasando directamente a la polémica y el insulto, comentándolo en directo en su cuartel base para las risas de las allí presentes.

Todo esto produce el desgaste continuo que acaba con la paciencia de todos, que hartos de tanta polémica deciden abandonar, y así empieza la decadencia. ¿Qué hacen entonces las víboras? Ni más ni menos que devorarse a sí mismas.

Empiezan resquebrajando su propio cuartel, y así se forma el consejo navajero integrado por la abeja reina, la bocazas, la macarra y un vasallo incondicional.  Lo gracioso de todo es que nunca suelen estar presentes en ninguna conversación, pero ellas saben mejor que nadie lo que allí se cuece porque a ellas “se lo han contado”, y eso les da más derecho a saber que es lo que hay que hacer y decir al respecto, que a las propias presentes.

 El proceso empieza con la elección de la víctima, difícil tarea, hasta que se dan cuenta de que entre su rebaño hay unas cuantas que presentan una tonalidad diferente a las demás y es que en todas partes a esas integrantes se las sigue respetando y tratando con el mismo cariño de siempre, mientras que al resto lo detestan., y eso ellas no lo pueden permitir, y se ponen manos a la obra a ver que norma han quebrantado para hacerles el consejo de guerra, humillarlas y echarlas a los leones del circo romano para regocijo de las viborillas, y que éstas sepan que en la vida hay que ir con mano dura.

 Y así, de repente, alegando la vulnerabilidad de una norma de la que nadie se acuerda, ni siquiera ellas mismas, y por eso han tenido que repasarse a conciencia un estúpido decálogo que en su día elaboraron puesto que a todo esto, se erigieron en las cloacas, y que nadie jamás respetó, ni siquiera ellas, ya que su torpeza y gallardía les llevó a vociferar a los cuatro vientos que un grupo de soldados desaparecidos, en realidad no lo estaban sino que andaban en misiones ocultas y misteriosas, eso sí, la valiente que hizo público tal evento tuvo la valentía de hacerlo anónimamente para despistarles. Pero cuánta inteligencia desperdiciada hay por el mundo, dios mio ¡!!!!!

Las perseguidas que aún confían en que realmente el cuartel hace honorabilidad a su nombre, no dan crédito a lo sucedido, no entienden los cargos de las que son acusadas.

Algunas de sus compañeras son iluminadas por la luz de la justicia y en un acto de valentía se posicionan al lado de ellas, otras son llamadas por la objetividad y así corretean de un lado a otro en busca de argumentos, otras hacen honor a su calidad de rebaño y sin más, siguen a los líderes del consejo navajero. Pero de entre todas ellas, las más patéticas son las que salen del armario, aquellas que bajo su apariencia dulce y tierna guardaban secretamente los más oscuros instintos barriobajeros y crueles, dejando a todos boquiabiertos y alucinados por completo, sobre todo aquellas que encima ni siquiera están cuando se producen los acontecimientos, es más , hace bastante tiempo que ni siquiera aparecen por allí, y de repente como por generación espontánea, resurgen opinando del asunto tan ricamente.

Las víctimas sin saber que realmente lo son por un complot en su contra, piensan que todo es el resultado de un tonto y absurdo malentendido, y así piden clemencia y la restauración de la normalidad en un diálogo que el consejo navajero acepta a regañadientes. Parece que esta cacería va a resultar más costosa de lo previsto.

 El diálogo comienza entre las valientes agredidas y los intermediarios. Caray, no penséis que el consejo navajero iba a descender de los altares así como así, para estar en contacto con el pueblo llano. Pero alertas en todo momento, y a la vista de que el diálogo tiene tintes de ir por buen camino, dando al traste con sus proyectos de acuchillar a las presas, pasan a la acción. Y así mientras se realiza el diálogo, la víbora macarra hace un estado de provocación en toda regla, seguida como no, por el resto del consejo navajero, y el rebaño de corderos sin sesera, que acuden a su reclamo.

 Una vez restablecido el orden, las víctimas se dan cuenta de que mientras dialogaban, las estaban acuchillando a sus espaldas, pero lejos de entrar en esa guerra, prefieren acallar su dolor por respeto al resto del rebaño. El cuartel mantiene una hipócrita y falsa apariencia de normalidad. Las presas se han salvado por los pelos, lo saben, y saben que han intentado sabotearlas.

 El consejo navajero, está enfadado, muy enfadado: las presas han escapado del sacrificio, las víboras se aburren, se adormecen, hace mucho tiempo que no tienen carnaza con que alimentarse, el cuartel cada día está más y más apagado, y el consejo navajero teme que su rebaño se disperse. Animan a su rebaño a que paseen por el cuartel ornamentándolo con alegres chistecillos, cancioncillas, y fotos provocativas y demás, pero nada es lo que era.

Las presas han analizado la situación y temen lo peor, desconfían de esa falsa tranquilidad. El rebaño no sabe que hacer con las presas, si el consejo navajero las puso en el punto de mira , oye por algo sería. Además no quieren que su contacto con ellas les salpique y sean perseguidos por ellos. Hay una calma sospechosa en el cuartel. Se masca la tragedia.

 Las presas y un par de valientes justicieras se atrincheran en un rincón. Saben que la última palabra aún no se ha dicho. Su inteligencia las ha llevado a descubrir la verdadera trama del cuartel, la verdadera cara del consejo navajero, y se preparan para la batalla final. Todo es cuestión de tiempo.

Y así llega el día en que se descubre que el cuartel de corderitos era en realidad un nido de víboras. Y llega el día en que ese nido de víboras estalla. Esta vez el estado de provocación llega de manos de la víbora bocazas, que sin venir a cuento acusa a una de las presas de ir contra las reglas del consejo navajero, no respetar su autoridad asomarse por una ventana a contemplar otros mundos, y no colaborar en el cuartel, y amenaza con irse porque claro está, su convivencia con tan despreciable ser, va en contra de sus valores.

 Las reacciones no se hacen esperar y así la pobre presa y sus valientes, caen en la trampa de contestar a tales falsedades. El rebaño también reacciona. Y estalla la guerra final. Todos contra todos. Se sacan trapos sucios del pasado. Esta vez el consejo navajero no va a permitir que las presas se les escapen. Tienen que dar de comer al rebaño, y en un espectáculo lamentable, acuchillan a las presas, que causan baja en el cuartel, para regocijo del rebaño que se bebe su sangre y reparte su carne. Las valientes caen con ellas.

 El consejo navajero está satisfecho, muy satisfecho. Ya no tienen a nadie que les haga sombra. Su superioridad es indiscutible. Se hablará de ello largo y tendido. Hacía mucho tiempo que no se alcanzaba tanta audiencia y están contentas por ello. Seguramente el sacrificio les ha valido la pena, sí seguro que sí.

 Las presas por su parte después de las lágrimas y el dolor por la separación de algunas de sus compañeras se sienten liberadas. Son libres de ir donde quieran, con quien quieran, como y cuando quieran. No tienen que dar explicaciones a nadie. Además se han descubierto a ellas mismas y el significado de la auténtica libertad que es la esencia de la amistad. De hecho para celebrarlo deben de estar de vacaciones en algún chiringuito tropical. Pero hay una que no ha causado baja expresa en el cuartel. Y es que puede que en el cuartel aún no se haya dicho la última palabra y es que  una temerosa sombra amenaza a las víboras, y ellas aún no lo saben….




Publicado por Aitana_09 @ 20:31 | 0 Comentarios | Enviar

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